domingo, 28 de abril de 2013

De libros I ( El gato sobre el árbol)

      Y la amo tanto
      que si fuera una voz
      me instruiría en la tesi-
      tura de su garganta.

      Y si fuese un licor
      me embriagaría, noche
      a noche, en sus aromas.
      Su alcohol circularía
      por mi sangre, nutriendo
      los vasos de la euforia,
      a esos hijos futuros.

      Y la amaría tanto
      que no permitiría
      un ángel en sus hombros.
      Mi sudor, mis heridas
      tronzarían sus alas.
      -Jamás un vuelo absurdo,
      ni la mirada helada,
      ni la bondad inconsciente-

      Y la amo tanto
      que si fuera mujer
      yo sería el hombre
      que profana su templo:
      Humedecer su boca
      con agua consagrada.
      Soñar el sacrilegio
      de poseer sus cálices.
      Cabalgar sobre el sacro
      vértice
      de su virginidad.

      Pues si en hombre viniera
      yo sería la esposa
      que olvida las promesas
      del tálamo:
      Enloquecer
      en sus brazos prohibidos,
      prostituir mis muslos
      en las esquinas ebrias
      hasta que él me mirara,
      me designar aun nombre,
      me invitara al abismo.

      Ay, tanto te amo
      que nunca siento el miedo
      en el poder de amarte.
      Porque, si en otras cosas
      mi amor se distrajera,
      también en esos juegos
      te seguiría amando.



sábado, 20 de abril de 2013

Para el silencio del distanciamiento


      V de Sempere de Vivaldi de Verano

        
      I       Allegro non molto- Allegro e tutto sopra il canto

      Mi madre llora pero el mar
      es naranja. Un sol y una luna
      desconocen el llanto
      y el tiempo larguísimo puede
      romperse,
      se precipitaría,
      y qué palabra quedaría
      entonces.

      II      Adagio e piano- Presto e forte

      Mi madre llora porque plumas
      calcificadas de su cuerpo 
      sajan y luego caen.

      Resguardo una palabra verde
      donde morir en la tormenta
      y hacerme vapor
      y no sentir ninguna lágrima.

      ¡ Cómo se va secando el agua
      de dolencia!

      Nunca te diré
      que no resisto ya no verla
      bailar.

      III     Presto

      Cede la seda desmallada
      de sus piernas,
      llora por las orugas frágiles
      y ansiosas de volar.

      Cuando yo era pequeña,
      cuando el sofoco reverbera
      sin desgastarse en su memoria,
      se cubrió una pared
      de mariposas muertas,
      una serigrafía de hambre,
      un augurio de baile
      truncado.
      Pero yo riego la palabra
      reseca; traigo al mar
      de su esquivo lecho, lo obligo
      hasta las algas,
      soy la buceadora,
      y ella, entre tanto,
      ajada sumerge sus piernas,
      acalla el llanto,

      y un dios parecido a Dionisos
      hace que la escucha, se acerca
      para verla bailar.

sábado, 13 de abril de 2013

Para el silencio de mirar IV


      Juán Sánchez Cotán



      Membrillo, repollo, melón y pepino  

      Esta luz deja sosegado
      el momento de respirar,
      de estar presente
       y permite al silencio ser
      apetecible,
      alejado
      de la vacilación.

      En tu cara,  en mi cara,
      frente al mar…

      ...una docilidad de seres
      madurados
      y jugosos,
      un espacio sencillo donde
      no hablar, suspendidos de nada
      o posados en el sigilo
      de nuestro deseo,
      lentos
      en las caricias, arrogantes
      en el abandono.

      Esta luz nuestra que nos abre
      la boca
      sólo para besarnos.

      Cuando mañana crezcan sombras,
      cuando mañana viene
      y explicarse
      y distancia.

sábado, 6 de abril de 2013

Para el silencio, ese silencio III


      Juan van der Hamen y León



      Plato de ciruelas y guindas



       I          Es el secreto, no, no lo es.
                  Una gota en mis labios como
                  antigua princesa durmiente
                  y la ponzoña me despertara,
                  abriera mis labios… sentir
                  me duele
                  embriagador.

      II         No es el secreto sino estancia:
                  quieta, iluminada tersura
                  mi piel para morderla.


      III        Herir la fruta, herirme, mírame,
                  aún no me toques, degusta
                  muy dentro en tu sexo, demora
                  rasgar la firmeza, el polvillo
                  impregnado que aviva el don
                  de la sed,
                  que vuelve insoportable el gesto
                  de la espera.


      IV        ¿Cómo se  ofrece transparente
                  la madurez y la afrutada
                  excitación
                  pareciera imposible, fuese
                  jadeo, fuese algo pequeño
                  y redondo
                  y, sin embargo, poderoso?

      V         Y fuese indecible el secreto,
                  pero se muestra.
                  Yo sé que lo ocultado está
                  presente, que lo protegido
                  es el regalo.

                  Tengo el mismo poder
                  que ese reflejo en el latón.

                  Mi apariencia perfecta dulce;
                  estar quieta, callada,
      iluminada por el ansia.