domingo, 26 de abril de 2015

Del libro JARDÍN AL MAR: MARK ROTHKO




... y porque ayer volvisteis a encontraros con él









        Green divided by blue



        La ráfaga del martín pescador,
        un breve pensamiento
        conteniéndose
        en el vuelo inicial de la belleza.

        De la belleza de la flecha incisa
        en el río
        para tanto apetito:
        consigue el alevín que no fue cauto
        y sin frenar captura una libélula
        descabalgada y torpe con su brillo.

        La esmeralda veloz tiene la mágica
        ausencia del dudar o detenerse
        por mirarse; su aletazo es la brisa
        que queda tras arder
        una intención.

        No puedo conquistarlo,
        ni  siquiera observar su a ras del agua,
        su posarse en la rama,
        irisarse
        entre las hojas finas y la seda,
        más que celeste, abril.

        Y el tri-trí
        que parece citarme
        oculta
        su posesión preciosa.

        Esto es vivir, sucede a cada instante.

        Sólo alcanzo
        a contemplar, flotando, el pensamiento
        en el agua,
        un reverbero glauco,
        apenas una estela de lo vivo.

    domingo, 19 de abril de 2015

    De ENTRA UN VIENTO DE OLOR CIRUELA... (Matisse)



        La música. 1910

          
        Cualquiera de nosotros podría aprender
        la canción que nombra el terror,
        el que no se expresa en los cuentos infantiles
        pero mancha de negro las bragas rosadas
        de las herederas.

        Ellos cantan, abren la boca, tragan aire:
        hoy es un cantero de pan
        o las pipas de una de sandía
        la única voz de los allegros.

        Calma melodía de los que han enterrado
        al último niñito
        y más tarde se sientan, cantan,
        toman el caramillo, el delgado violín,
        se sientan,

        qué poseen para mostrarnos
        sólo la infame desnudez de su canción.


    sábado, 11 de abril de 2015

    De EN LA PIZARRA UN POEMA



        Entre un dedo y el otro la esmeralda del país
        de los jaguares alados. Pero ante esa sonrisa
        me doy por vencida, grito bajito para no
        despertar a los huracanes, tiemblo, y la importancia
        de estar abrigada, estar querida, estar recordada,
        es un trozo de vidrio que el agua ha pulido así,
        así, rítmica.

        Detrás de ti las caracolas de los viejos dioses,
        el  fragor de unas piedras talladas en carne viva,
        el silbido que las flechas gustan de repetir…
        detrás de ti la devastación y sus crucifijos.

        El guijarro diminuto canta entre un dedo y otro
        pero ante esa sonrisa los jaguares se adormilan
        a mi lado.
        Y, si les inventas un nombre, que el niño se llame
        Merlín.


    sábado, 4 de abril de 2015

    De FANTASMAS Y CÁLAMOS. Primera parte: Fantasmas en la Villa






        V

         Me desvía de ti
        esta música de los campos
        del verano y las uvas
        próximas al delirio,

        música  en  la premonición
        de mi nombre que nadie sabe,
        tierra de música,
        granada espiga venenosa
        que me roba
        de nuestro sosegado juego.

        Canción de larga lengua:
        en mis encías hiende
        la embocadura de la leche
        de las cabras.

        Me adivina moverme
        deshonesta
        y ácida
        y baila mi vientre hasta el pozo
        de la embriaguez del liquen,
        y baila cada parte mía
        exageradamente yéndome
        al olvido.

        Comprendo ahora que no existe
        la muerte,

        que si camino por la casa
        de las abejas y las lombrices,
        y en mis pies desnudos se alojan
        los sabios animales del duelo
        por la vida,
        una muerte mortal no existe

        aunque yo me despida, Duino,
        y de fantasma de Pompeya
        crezca hacia la boca
        desesperadamente lejos,

        aunque llegue la muerte
        mañana
        con su lápida
        de lava
        y no te deje entrar
        y yo me aleje.

        Ah, canción de tierra,
        siringa o sinrazón o el cuello
        que doy por alimento,
        instrumento procaz,
        cítara de la tierra.