sábado, 27 de junio de 2015

Del libro: ENTRA UN VIENTO DE OLOR CIRUELA..




      Retrato de Lydia Delectorskaya*



      Cuando se ha probado la granada nativa
      del fracaso –primero fresca
      luego paladear su oscuridad fibrosa-

      y  la costumbre es su perfume
      -aliento que lesiona según aletarga-
      y se va dejando por las plazas un rastro
      que no se sabe si recuerda
      a  una pesadilla,
      a la exquisitez,

      tú contemplas mi pelo verde
      -cierto matiz que da la sombra-
      intentando encontrar brillos de insumisión,
      rasgos en mí que te revelen
      tentativas del ave fénix, conjeturas
      de un renacimiento.

      Esa que miras, esa que aparenta agrado,
      esa que advierte, en el dolor de quien camina
      palpando las paredes,  genealogías
      de la vergüenza y se estremece
      y busca la más inapropiada palabra
      balsámica… yo, la que miras,

      ¿sabrá responderte
      sin que afloren hebras
      que zurcen el fracaso, hebras de olor que asoman
      desde la derrota?

      Y el lado encendido,
      alimonado, de mi rostro,

      ¿sabrá mentirte tanto que nunca descubras
      el jardín de mis hijos sordos y vencidos?


      *Matisse

domingo, 21 de junio de 2015

Dedicado a Sánchez Cotán...

...poema publicado en la revista Hermes


      Membrillo, repollo, melón y pepino  


      Esta luz deja sosegado
      el momento de respirar,
      de estar presente

      y permite al silencio ser
      apetecible,
      alejado
      de la vacilación.

      En tu cara,  en mi cara,
      frente al mar…

      una docilidad de seres
      madurados
      y jugosos,

      un espacio sencillo donde
      no hablar, suspendidos de nada
      o posados en el sigilo
      de nuestro deseo,

      lentos
      en las caricias, arrogantes
      en el abandono.

      Esta luz nuestra que nos abre
      la boca
      sólo para besarnos.

      Cuando mañana crecen sombras,
      cuando mañana viene
      y explicarse
      y distancia...

domingo, 14 de junio de 2015

Del libro ALICE


  • Héctor y Andrómaca. Giorgio de Chirico


      El tiempo pasa


      Amores de una tarde
      intensamente frágiles y hermosos...

      He vivido la bárbara batalla
      de ir agotando asaltos
      al cariño
      y era imposible
      asediar un planeta con los besos,
      mudarlo en la razón de cada día.

      Y darme por vencida fue el descanso
      de cualquier enemigo que conozco.

      Amores de una tarde,
      rosas que se preparan a la muerte
      antes que el sol las mustie
      y les haga caer con un gemido.

      En cada instante un mundo que se extingue,
      en cada movimiento más de un siglo.

      No he de buscar un nombre a esos amores,
      no tendrán por testigo la pereza.

      Ellos sí son verdad:
      nunca pactaron
      con un amor extraño a su hermosura
      o con un enemigo imprescindible.

domingo, 7 de junio de 2015

Del libro FANTASMAS Y CÁLAMOS





      • Los amos intocables
        del territorio que recorre
        la lechuza
        -oye el temblor en las pestañas
        del ratón y la noche
        dibuja en las cenizas
        de los sacrificios mi sueño
        intranquilo-,

        los amos de erizado vello,
        con pupilas felinas
        y olfato más que lobos,
        mojan sus uñas en el cuenco
        del kikeon
        y humedecen mis labios sólo
        enseñados con tu saliva,
        Duino;
        quieren que beba, quieren
        que lo mire.

        Cómo negarme a ver
        el pie sin su sandalia
        descuidada,
        sus rodillas abiertas, torso
        que si lo toco me hundiré,
        axilas comedoras,
        me hundiré si las toco,
        extraño cristo en el regazo
        de la madre,
        gesto del que posee
        y otorga y enajena,
        definitivo hueco;
        me hundiré si lo toco
        y lo miro
        y lo quiero tocar.


        Duino,
        distrae mi mirada
        con la placidez
        de tus estrellas sensitivas,
        dos o tres estrellas mudadas
        en agua,
        cometas de tu sexo
        no irascible que, como el agua,
        va subiendo y bañándome,
        aquietándome.

        Si lo miro
        cómo regresaré
        de su hendidura.