domingo, 24 de abril de 2016

De JARDÍN AL MAR



      Desierto

        
      Ha sido la noche del silencio que me revela
      una oscuridad preferida por el dios del ansia.
      Y mi susurro a tientas, con el único refugio
      de las estrellas como certeza de un territorio
      enmascarado,
      no es una señal
      que alguien escribiera en la arena para mis anillos
      seducidos.

      Estuve escuchando los gemidos de otro hemisferio;
      alguien penetraba la carne desde la delicia,
      alguien penetraba la carne para poseerla
      con la muerte…
      Estuve escuchando a la noche que asistía
      entre tu mano muy cerca de mi mano y mi mano
      reconociendo
      los dientecillos
      de la arena.

      Viene el alba sin ningún parloteo que nos mezcle
      con la prisa, con el erigir baluartes contra
      la calcinada fastuosidad del vano divino.

      Viene la luz con el envés del silencio nocturno
      en otro silencio que aboveda toda la ausencia,
      todo el perderse en sed, en venerar lo que consuma.

      Y nos entregamos al recorrido de las brasas,
      nos entregamos a un vergel mimado por miradas
      gigantes, ensimismadas en su concebir mientras
      contemplan.

      Hay una costumbre de escorpiones y de ciudades
      que reverberan
      sin cimientos.

      Desfallecemos.
      Caemos.

      Así nos quiere el dios de pies descalzos sobre lava.

      Así nos quiere lamer, nutrirse, resucitarse
      con nuestras costillas en su lengua, nuestra pequeña
      taza del amor que él bebe, que él lleva hacia su amor.

      Caemos al silencio, nos extinguimos y  somos
      una duna
      de nada,
      una barca viejísima volcada en el silencio.

domingo, 17 de abril de 2016

De ALICE



    Perfil. Manolo Valdés. Col. Himalaya


      LARGO (Del poema Concierto para guitarra y cuerda en Re mayor.Vivaldi)

      Cuando la casa acoge su regreso
      y en su inquietud acierta a dispersarse
      sin tener que explicar que los relámpagos
      dieron velocidad a la mañana
      -veloz el cielo azul,
      azul veloz la miran,
      la desean, la ignoran-

      y ella pregunta al amistoso espacio
      pues no busca escuchar una respuesta,

      y la casa, paciente, clasifica
      la multitud de imágenes
      que de ella se adueñaron todo el día:
      en una pila, amantes de un minuto,
      artimañas, malas contestaciones,
      la imprecisa aspereza
      de un amor extinguido...
      y, en la otra pila, únicamente versos,

      entonces,
      ella se reconoce más hermosa
      que cuando a los veinte años
      podía despreciar
      una semana entera de conjuros,

      ella se reconoce en la difusa
      identidad de un nombre
      que atravesó el espejo;
      es otro nombre aunque sea el mismo
      y es y no es
      Alice en el Tablero.

      Y entonces vocaliza
      en voz alta: O blessed Solitude
      de Denise Levertov,

      y de lo que bailó ya no se cansa,
      y de lo por vivir a se apodera:

      "Bendita soledad"  que dejas libres
      a tantas que yo soy
      sin dar respuesta.

domingo, 10 de abril de 2016

De EL LIBRO DE ZAYNAB

De Jules Lefevbre
      Vestida de muchacho, acompaño a mi padre
      por el Suq al- Dawabb.

      Ataviado del verde costoso de Al-Ma´mun
      pavonea su fama entre los aljameles
      y los extraños hombres que aman a sus caballos
      como al juego o la sangre.

      Busca un potro alfaraz
      nacido del abrazo ligero de los vientos;
      pregunta al yegüerizo por la hija más hermosa:
      El animal se acerca, me lame y me conquista.

      Mi padre se sonríe con mi elección honrada
      y todos se sonríen, felicitan, asienten.

      Pero yo busco un rostro detrás de aquellos rostros,
      un gesto silencioso,
      una mirada cómplice de reconocimiento.

      ¿Dónde estás, mi señor?
      Al zoco de las bestias acudí con mi padre
      por si el azar quisiera
      regalarme tu nombre, descubrirte a mi amor.


    (Dedicado a Fatima Mernissi, que se fue a otro lugar el pasado 20 de noviembre)